La Casa del Relojero (San Fernando)
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El tiempo ha sido desde el origen del ser humano una prioridad de observación y estudio.
El sueño de cada hombre siempre ha sido detenerlo pero nadie sabe dónde detenerlo de verdad, decía el escritor Juan Carlos Aragón. Resulta, cuanto menos curioso, que una vez que se consiguió armonizar un mismo tiempo para todos, “Einstein con la relatividad demostró que el tiempo absoluto y rígido no existe”. Pero se puede, al menos, arreglar el tiempo?
En la bullicioso calle Rosario de San Fernando, abre su baraja todos los días, la Casa del Relojero. Un pequeño taller que regenta Francisco José García, pasando las horas entre el tic tac y las campanas de los relojes que cuelgan en sus paredes. Un joven que a pesar de su edad, es ya experto relojero, siendo de los pocos que todavía existen.

Una de estas profesiones en peligro es la de relojero, un arte antes asentado en cada barrio que sufrió primero el auge de las grandes superficies y después la aparición de móviles y las nuevas tecnologías, lo que les ha obligado a reinventarse.
Por sus manos ya han pasado multitud de relojes, de diferentes tamaños y edades. Alguno de ellos auténticas reliquias. De todos guarda un cariño especial, porque detrás de esos aparatos, se esconden horas y horas de historias.
El sueño de cada hombre siempre ha sido detenerlo (el tiempo), pero nadie sabe dónde detenerlo de verdad
Juan Carlos Aragón
José Rodríguez Losada fue un famoso relojero español, conocido por ser el primero en instalar un reloj de calle en una farola, en Jerez de la Frontera (em 1855) y por donar por aquellos entonces el Reloj de Gobernación que preside la madrileña Puerta del Sol.
Y es que la calle se presta para mucho, justo enfrente una librería, Bozano, abierta desde los año 20. Se crea así un ambiente una clientela que genera amistad.
Sin embargo, el sector va fluctuando, porque, cuando parecía que lo digital acabaría con lo analógico, como una noria que va girando, regresan lo antiguo, para convertirse en tendencia.
«Hay relojes que arreglarlos no merece la pena, pero tienen un gran valor sentimental y esa es la esencia de mi taller»
— Francisco José García
A pesar de controlar el tiempo o, mejor dicho, arreglar los mecanismo que nos dan una idea de su paso, Francisco asegura que no tiene puesto en hora todos los relojes. Aunque esos sonidos le acompañan en su rutina laboral, tiene sus preferidos.
Cada vez son menos los talleres de relojería. Cada vez es más difícil hallarlos. Detener el paso del tiempo no es fácil, pero al menos se intenta poner en hora, en un taller donde la vida pasa y nunca se pasan las horas muertas.




