Sobrina de las Trejas (Medina)
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Año 1852 en Medina nace una tradición. Nace un negocio que ha visto pasar la historia más cruenta de España, pero también ha contribuido a endulzar los recuerdos y a colocar el nombre de Medina Sidonia en el panorama repostero con una Denominación Específica: el alfajor. Así lo cuenta el actual gerente de Sobrina de las Trejas en su obrador, Fermín Mesa, sin parar de trabajar
La historia se remonta al siglo XV, cuando se describe la compra-venta de “una esclava, mobrada Catalina, de veinte años de edad. Indica el contrato que Catalina no es borracha, ni huidora, ni padece gota coral, ni mal de corazón, ni otra enfermedad, ni está endemoniada, y agrega que es guisandera de habilidad de muchas cosas, y en especial de fruta de sartén, de huevos mexidos y de alfajor al uso de acá”.

Con el tiempo esa receta comenzó a extenderse hasta que llega a manos de tres hermanas, Micaela, Concepción y Josefa que, debido a su buen hacer, deciden poner en marcha un negocio de repostería.
La herencia la recoge su sobrina y poco a poco se va llegando a manos de hoy. Pasando por no pocos inconvenientes, hasta llegar al padre del que hoy es el gerente.
Para hacer el alfajor en la elaboración participaban hasta tres culturas, que conforman parte de la historia de España. Lo que va detrás de un alfajor, o alajú, como se le conocía originariamente, va más allá de su ingredientes.
En una empresa tan familiar como artesanal, desde pequeño se aprende el oficio.
El sueño de cada hombre siempre ha sido detenerlo (el tiempo), pero nadie sabe dónde detenerlo de verdad
Juan Carlos Aragón
El alfajor de Medina tiene, además, unas peculiaridades específicas. Lo curioso es que lo más dulce que tiene una confitería, no son sus productos:
En los últimos años, el negocio ha ampliado sus instalaciones, pero sigue conservando un pequeño despacho en plena centro del pueblo, conservando la repostería de siempre.
El secreto para perdurar en el tiempo no es otro, que el que nos enseña Fermín dando una vuelta por el almacén de su obrador.

Pero no solo de alfajores viven Las Trejas, hay mucho más y clientes vips como el caso del chef José Andrés. Y la curiosa historia de un pan peculiar, cuyo nombre se lo debe a su padre: el pan de Gloria.
María y Julia son las nuevas Trejas. Las dos hijas de Fermín que ya son parte de la quinta generación, aunque no con pocas dificultades, entre lo tradicional y lo moderno.
«Lo más dulce de un pastelero es poder hacer productos que se comparten en momentos felices de la vida»
— Fermín Mesa
No deja de ser una empresa familiar y que mantiene su sabor artesanal. El futuro está asegurado por los mejores ingredientes posibles, mantener la tradición y la dulce esencia…
Una confitería que nos transporta, a través de los cinco sentidos, a otra época. Máxime cuando se prueba alguno de los suculentos manjares que saben a familia, artesanía y tradición.








